Las renovadas tensiones geopolíticas en Oriente Medio están provocando una nueva subida de los precios del petróleo, lo que añade una nueva presión sobre los costes del sector del transporte de mercancías por carretera en Europa y vuelve a centrar la atención en el ferrocarril como una opción de transporte más estable.
Según el grupo logístico francés Lahaye Global Logistics, el combustible representa cerca del 20 % de los costes básicos del transporte por carretera. Incluso sin que haya escasez física, la volatilidad de los precios del petróleo repercute directamente en los costes logísticos de los transportistas, los expedidores industriales y los distribuidores, especialmente en el transporte de larga distancia.
En este contexto, el ferrocarril se presenta cada vez más como un amortiguador frente a la inestabilidad del mercado energético. Dado que el transporte ferroviario de mercancías se basa en gran medida en la electricidad y no en el gasóleo, está menos expuesto directamente a las fluctuaciones de los precios del crudo. Esto hace que las soluciones intermodales ferroviarias y por carretera resulten más atractivas en un momento en el que los operadores de transporte se ven presionados para mejorar tanto la previsibilidad de los costes como los resultados en materia de emisiones.
El debate no se limita únicamente al cambio modal. Lahaye también señala la electrificación de la flota como otra forma de reducir la dependencia de los combustibles fósiles en el transporte de mercancías por carretera. La empresa afirma que ya cuenta con camiones eléctricos respaldados por una infraestructura de recarga y que tiene previsto seguir ampliándola, lo que refleja una tendencia generalizada en el sector logístico hacia la diversificación de las fuentes de energía, en lugar de depender exclusivamente del diésel.
En lo que respecta al mercado europeo del transporte de mercancías en general, la cuestión va más allá de la estrategia de un solo operador. El aumento de los costes energéticos vuelve a poner de manifiesto la vulnerabilidad estructural del transporte diésel y refuerza los argumentos a favor de un mayor protagonismo del ferrocarril electrificado y de la logística intermodal en las cadenas de suministro de larga distancia.