Las asociaciones ferroviarias europeas reclaman un modelo de gobernanza más sólido a escala de la UE para el ERTMS, alegando que su implantación sigue siendo demasiado lenta y fragmentada como para garantizar la interoperabilidad que se ha prometido al sector.
Según las cifras más recientes citadas por las asociaciones AERRL, ALLRAIL y ERFA, solo alrededor del 17 % de la red principal de la RTE-T está equipada actualmente con ERTMS, mientras que apenas el 19 % de la flota existente cuenta con este sistema. Más de tres décadas después del lanzamiento del programa, estas asociaciones sostienen que los avances siguen siendo demasiado limitados.
Desde el punto de vista de los operadores, el problema no es solo el ritmo de implantación, sino también el contexto operativo en general. Las asociaciones señalan la inestabilidad de las especificaciones, las divergencias entre países y la escasa viabilidad económica del proyecto, factores que siguen complicando la adopción del sistema por parte de los usuarios.
Las tres organizaciones respaldan las recomendaciones formuladas por el coordinador europeo del ERTMS, Matthias Ruete, entre las que se incluyen la creación de un organismo central de coordinación dentro de la DG MOVE, un responsable de implantación a escala de la UE y la continuación de una asociación público-privada específica para el sector ferroviario.
Para el sector, el mensaje es claro: sin una mayor coordinación, una armonización técnica y normas predecibles, el ERTMS corre el riesgo de seguir siendo un mosaico en lugar de convertirse en la columna vertebral de una red ferroviaria europea verdaderamente interoperable.
Las asociaciones señalan asimismo que el debate futuro debería centrarse no solo en la propia implantación, sino también en las normas operativas, los costes del ETCS y los retos de implantación relacionados con el FRMCS, temas que se espera que ocupen un lugar destacado en la conferencia de Valenciennes.
Desde el punto de vista del transporte de mercancías y del libre acceso, esta petición refleja una frustración generalizada en todo el mercado: la interoperabilidad en Europa sigue avanzando más lentamente de lo que sugieren los objetivos políticos, mientras que los usuarios siguen soportando el coste de la fragmentación.